Cristina Martínez: «En Sydney estoy perdiendo mis miedos»

«Venir a Australia ha sido la «cura» a muchos de mis miedos»

La de Cristina en Australia es una aventura especial. Todas las que implican dejar tu casa por primera vez y volar a las antípodas lo son para los que las viven, por supuesto. Pero esta, doblemente: también para Passport To. Cristina se convirtió en la que bautizamos como “estudiante cero”, la alumna que inauguró el puente aéreo de esta agencia entre España y Australia.

No era la primera vez, sin embargo, que Cristina aterrizaba en Australia. La estudiante ya estuvo hace un par de años, también por estas fechas, de vacaciones con su familia en Sydney y el estado de New South Wales. Esto le hizo la decisión de venir a estudiar a Australia un poquito más fácil, ya que había verificado en persona la imagen preconcebida que tenía del país aussie. «Sabía que Australia era un país con un índice de delincuencia menor que España, y lo he comprobado en persona: lo notas, sobre todo, en la seguridad que sientes cuando andas sola de noche por la calle», explica Cristina, que está matriculada en un curso de inglés con el objetivo de seguir mejorando en el idioma.

Éste, entre otros motivos, hacen que esta joven murciana se esté enamorando poco a poco del lugar que eligió para su aventura: Sydney. Opina que es una ciudad con una oferta muy variada tanto en ocio como en vida social y, lo que es más importante para ella, el deporte. «Hay muchos parques adaptados para hacer ejercicio, eso me encanta, y en las playas hay redes de voleibol y siempre encuentras a alguien para echar una partida», sonríe la primera alumna de Passport To. También destaca, en comparación con España, la rica oferta para las personas vegetarianas que dispone Sydney. «Me sorprendió muy para bien que la mayoría de los restaurantes se adaptan a nuestra comida», dice.

 

Pero no todo es de color de rosa en el paraíso Australiano. Cristina advierte a los que piensan en coger el puente aéreo a las antípodas que hay que venir cargado de paciencia y ganas de patearse la ciudad en busca de un trabajo. «Es más fácil que en España, por supuesto», reconoce, «pero requiere esfuerzo ya que nadie regala nada», afirma. Ella tuvo suerte y al poco de llegar encontró un puesto de niñera, que le ayuda a pagar la renta. Ahora sigue buscando empleo en tiendas de ropa y restaurantes para que, cuando lleguen sus vacaciones escolares, poder trabajar 40 horas semanales y ahorrar para el viaje que quiere darse antes de volver a España. Dice que no quiere perderse las Whitsundays, claro, y Uluru, y que ojalá le lleguen los ahorros para pasarse por Indonesia o Tailandia a la vuelta.

¿Lo mejor de su aventura australiana? El cambio que está experimentando Cristina respecto a sus miedos. Antes de venir a Australia, llevaba diez años con pánico a coger un ascensor. Ella misma ríe al admitirlo. Pero, el otro día, en Sydney, consiguió una entrevista que tenía lugar en un sexto piso. La persona de seguridad no le permitió usar las escaleras de incendio para subir. «¿Qué opción tenía? Era montarme en el ascensor o perder la oportunidad», recuerda. Desde entonces, ¡ha subido más veces, después de años! Eso sí, sólo en los de los centros comerciales. «Porque sé que ahí, si se queda atascado, vendrían a rescatarme más rápido», bromea la murciana.

La estudiante tiene un par de recomendaciones para los que estén indecisos en cuanto a coger o no el puente aéreo con Passport To dirección a Australia. «Que no se olviden el adaptador de enchufe, y más ropa de invierno, que esto no es tan caluroso como lo pintan: un día hace 37 grados, sí, pero mañana puede haber 20», explica. Y otro, este más espiritual. «Si tienes la opción, ganas de viajar, aprender inglés y conocer gente, no dudes en venir a Australia, porque es una oportunidad que puede que no se vuelva a repetir en la vida».

 

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